Santiago, 31 de Mayo de 2009 - 002

EN DEFENSA DE LAS AGUAS DEL MUNDO

Por María Fernanda Pinochet, abogada y Coordinadora del Programa Vigilante Costero Maule Itata

Levantar la bandera que cuide los recursos hídricos es el fundamento de asociaciones que velan por mantener tanto la cantidad como un alto nivel de calidad en las aguas de ríos y mares. Éste es el caso de la Alianza Waterkeeper, presente en varias partes del mundo, y que se encarga de apuntar con el dedo a quienes dañan el vital elemento
M. Fernanda Pinochet

Se puede decir que la Alianza Waterkeeper vio su origen con un movimiento que se gestó hace más de 40 años, precisamente en 1966, en Nueva York, EE.UU., cuando los pescadores del río Hudson se unieron para defenderlo con uñas y dientes. Pero no fue hasta 1999 cuando esta alianza se constituyó formalmente para defender el derecho a contar con aguas limpias, a proteger las cuencas hidrológicas y velar tanto por la calidad como por la cantidad de las aguas.

Esta organización, que ha contado entre sus filas con personalidades como Robert F. Kennedy Jr., quien fue su presidente hasta el año 2007 y actualmente jefe del Directorio, en la actualidad está presente en los cinco continentes y cuenta con 188 programas, con presencia en países como China, India y Rusia.

En Latinoamérica, Colombia cuenta con ocho cuencas protegidas, mientras que Argentina, Brasil, Perú y Bolivia tienen, cada uno, un Waterkeeper en acción, bajo licencia, pues Waterkeeper la exige para la operatividad y para que cada programa establezca qué cuenca es la que debe protegerse, pudiendo elegirse entre una bahía, canales, la costa, golfos, lagos o ríos, según sea el cuerpo que se pretende proteger.

La idea central de la Alianza Waterkeeper es señalar las directrices de todos los programas que cuentan con su licencia, de modo de asegurar estándares de calidad en el funcionamiento de todos los programas alrededor del mundo. Para ello, entrega asesoría en planificación estratégica, campañas comunicacionales, soporte científico y legal, para asegurar que el modelo Waterkeeper se mantenga y se respeten las particularidades de cada programa

La Experiencia Mexicana

El caso de México resulta emblemático, por su continua actividad en la defensa de sus cuerpos hídricos. No por nada hoy cuentan con ocho programas en ejecución: Bahía de Los Angeles Coastkeeper, La Paz Coastkeeper, Los Cabos Coastkeeper, Loreto Baykeeper, Magdalena Baykeeper, Mexico Valley Waterkeeper, Punta Abreojos Coastkeeper y Río Verde Waterkeeper.

Los programas Magdalena Baykeeper y La Paz Coastkeeper nacieron bajo el convencimiento de que potenciar la participación de la sociedad civil a través de los canales legales permitiría acceder a la justicia ambiental. Para ello se han enfocado en tres áreas de trabajo: Educación Ambiental, Monitoreo de las Aguas y Litigio, consiguiendo, a tan sólo un año de funcionamiento, posibilitar cambios estructurales en las propias comunidades

En específico, La Paz Coastkeeper logró la declaratoria de protección de Área Natural Protegida a una bahía virgen cercana a la ciudad de La Paz. Asimismo, el programa ha logrado que el Ministerio del Medio Ambiente mexicano provea de mayor información a los ciudadanos respecto de los impactos ambientales que resultan de los proyectos de inversión.

Por su parte, el programa Vigilante de Bahía Magdalena logró la protección de especies como la ballena gris y tortugas marinas en peligro de extinción. Otro gran éxito se produjo cuando la acción del Waterkeeper alertó sobre los impactos reales que tendría la construcción de un megaproyecto turístico, que pondría en jaque la protección del ecosistema de la Bahía. Esto obligó a que los oferentes cancelaran el proyecto.

En tanto, programa de gran interés en el caso mexicano es Punta Abreojos Coastkeeper, en Baja California, que ayudó en la detención de un conocido cazador de tortugas marinas, que confesó haber arrasado con cerca de cinco mil tortugas marinas en peligro. También lucharon y lograron detener la instalación, por parte de una conocida multinacional, de una industria para la recolección de sal en una zona de ballenas grises.

La Experiencia Chilena: Programa Maule Itata Coastkeeper

Como consecuencia de un largo proceso de preparación, en junio de 2008 fue aprobado por el Directorio de la Alianza el programa “Maule Itata Coastkeeper”, o “Vigilante Costero Maule Itata”. De este modo, comenzó a operar el primer Waterkeeper chileno para proteger el borde costero entre los ríos Maule e Itata, que abarca la parte sur de la Región del Maule y norte de la Región del Bío-Bío.
 
La misión del programa es ardua y de gran complejidad, pues se trata de evitar que se produzcan daños en la costa de una zona que enfrenta fuertes amenazas para su ecosistema, sobre todo si se toma en cuenta

que las regiones Séptima y Octava son las más utilizadas para plantaciones industriales forestales, especialmente de pino radiata y, en menor medida, de eucalipto: estas plantaciones cubren 614.438 hectáreas, y se espera que al año 2020 se duplique la superficie plantada.

El río Itata es la segunda cuenca más grande en la Región del Bío-Bío y drena numerosos lagos y recibe aguas del glaciar Andino durante todo el año. Su superficie es de 11.090 km2, su longitud de 180 kilómetros y su flujo medio anual es 186 m3/segundo. Esta cuenca cuenta con nueve especies de peces, que representan el 26% de las especies encontradas en todo Chile —seis de éstas son vulnerables y tres están en peligro de extinción—, y se han identificado treinta y tres variedades de insectos acuáticos. Por su parte, el río Maule es la cuenca más importante de la Séptima Región.

Hay que considerar, además, que la costa protegida es un destino para turistas y surfistas chilenos y extranjeros. Algunos de los lugares favoritos para la práctica de este deporte son Boca Maule, Iglesia La Piedra, el Puertorriqueño, Pellines, Santos del Mar, Faro Carranza, Curanipe, La Sirena, Tregualemu, Pullay, Buchupureo, Rinconada y Boca del Itata. El Vigilante Costero Maule Itata se preocupa de preservar la pesca artesanal, el turismo, la biodiversidad de los humedales marinos, las áreas de manejo de recursos bentónicos y las reservas nacionales. Para lograr estos objetivos cuenta con componentes de educación, activismo, litigio, participación comunitaria y un monitoreo científico independiente.

Este vigilante es una persona local, encargada de monitorear semanalmente la cantidad y calidad de las aguas protegidas y acudir a visitas de inspección solicitadas por la comunidad, mediante un patrullaje. Él actúa como defensor del pueblo, pudiendo operar independientemente para denunciar a cualquiera que contamine.

Uno de los puntos fundamentales del programa es la participación de la comunidad, pues muchos lugares deben ser protegidos, y es la propia comunidad la que debe iniciar las acciones encaminadas a cuidar su entorno y su vida.

Para ello se ha establecido un Protocolo de Denuncias Ciudadanas Responsables; a través de este mecanismo los vecinos u otras personas ligadas a la localidad pueden dar la voz de alerta por casos que afecten al medio ambiente. Luego, sigue una etapa de mediación, en la que se intenta dialogar con los denunciados, para llegar a soluciones extrajudiciales. En caso de que el proceso anterior no prospere, se llega a las más altas instancias de justicia para evitar y/o reparar los daños causados.

A cuidar las Aguas

Los programas Waterkeeper tienen dos características que los hacen muy especiales, en comparación con la mayoría de los programas de protección ambiental. La primera es el carácter de preventivo, que permite trabajar antes que la instalación de nuevos proyectos se concrete, para asegurarse de que cuenten con todos los permisos ambientales y sectoriales debidos. Esto es especialmente importante, ya que lograr revertir las resoluciones de las autoridades conlleva procesos largos y tediosos, que en la práctica complican en demasía la real protección del medio ambiente.

La segunda es su característica de permanentes: es decir, nacen para proteger una determinada área de jurisdicción de contaminación sin fecha de término. Esto permite planificar un trabajo eficaz y eficiente, más allá de las iniciativas productivas que en un momento determinado puedan arriesgar el cuidado del medio ambiente.

Si bien la esencia del trabajo es netamente local, la marca Waterkeeper, al ser internacional, posibilita trabajar tanto comunalmente como recurrir a la protección internacional en caso de que, por ejemplo, el vigilante, su embarcación o las aguas que se protegen corran peligro.

Cada cuerpo hídrico debe ser respetado y aprovechado para las actividades productivas de la zona en forma sustentable, sin arriesgar la disponibilidad para consumo humano y riego. En este contexto, los programas como los Waterkeepers comienzan a levantarse como una instancia real para resguardar la calidad y cantidad de las aguas vulnerables y de los derechos de la sociedad civil. Todos, finalmente, necesitamos del agua para poder vivir.

Artículo publicado en revista especializada Residual Cero – Nº 3, mayo 200

Autoría: María Fernanda Pinochet, abogada y Coordinadora del Programa Vigilante Costero Maule Itata

 

EN DEFENSA DE LAS AGUAS DEL MUNDO
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